lunes, 20 de junio de 2011

CAPITULO XVII, Conspiraciones.

                           CAPITULO XVII  

                                                Conspiraciones







Hoy me he acercado nuevamente a la cárcel en busca de noticias de los reos, la tranquilidad ha vuelto y con ella la misma rutina que viví dentro de sus fríos muros, me siento feliz de volver a compartir conversaciones triviales con sus presos, no me importa su credo o su religión, no voy a imponer como tampoco lo hice en su momento mis propias creencias hoy no me siento con fuerzas para ello ni es la finalidad de mi visita. Confieso arrepentirme de los pensamientos de desconfianza que tuve en su momento en relación a D. Casimiro el alcaide, siento que es una buena persona, un poco especial en algunos actos impropios de un buen cristiano pero cumplidor con la obligaciones propias de su cargo, nos hemos encontrado y con un fuerte y sincero abrazo no hemos puesto al corriente de todas las novedades acontecidas en estas últimas jornadas, necesito descargar prudentemente de las preocupaciones que me asolan, encontrar explicaciones lógicas del proceder de los poderes civiles y eclesiásticos. Por supuesto mi amigo el alcaide  tiene un fondo sensible, también comparte mis dudas solo que él las disfraza con su semblante rígido de administrador asalariado de la ley y la justicia, me confiesa con cierto alivio que ya trasladaron a  los presos al Castillo de Triana, a orillas del Guadalquivir, sede principal de la Santa Orden en Sevilla.

                                                                                                                                                        

Tiempo después de mi incidente con el reo Santiago, el cual prefiero no volver a recordar se incrementó la vigilancia de todos los condenados y a la vez un control mucho más riguroso de todas las visitas programadas a las celdas de los mismos, tanto Santiago como Agapito no recibieron ninguna atención ni visita mientras yo me encontraba hospedado dentro de la cárcel, suponía que su familia si es que la tenía hacia tiempo les habrían olvidado, pero los hilos del destino dentro de su misteriosa trama acaban soltando algún fleco de donde al tirar se descubren nuevas historias tal y como a continuación me detallaba D. Casimiro.

Recuerda hermano Pedro que, al marcharse usted de la cárcel ese mismo día yo también tuve que hacerlo para acompañar a la comitiva del Santo Oficio, pues bien, a mi regreso creí prudente aislar en celdas únicas a nuestros famosos huéspedes con la finalidad de quebrar su ánimo y forzar sus voluntades además evitar filtraciones de noticias fuera de estos muros, así se hizo, para cualquier acto que se hiciera necesaria audiencia les acompañarían cuatro guardias para Santiago y dos para Agapito, lo mismo para cuando tuvieran necesidades fisiológicas de aguas mayores irían igualmente acompañados a las letrinas comunes sin posible contacto visual con ninguno de los otros presos, así se hizo, pasaron los días con la misma rutina que de costumbre pero había algo que no me encajaba, quizás la desconfianza que me provocan o quizás se llame intuición por mis largos años de experiencia, así que yo mismo supervisaba todo el entorno en sus pobres vidas aquí dentro, en una ocasión aproveché la salida de la celda de Agapito para supervisar los cuatro muros en los que pasaba tantas horas.

A los huéspedes calificados como muy peligrosos no se les facilitaba ningún tipo de utensilio, la comida se servía en un cuenco de barro y una jarra con el agua, estos dos objetos se revisaban minuciosamente al entrar y salir con la finalidad de evitar cortes en sus bordes que pudieran lesionar, pues bien querido Pedro, vueltas y vueltas por la celda para quedarme tranquilo en mis sospechas hasta que lo vi cuando ya me marchaba. Una muy pequeña pluma de gallina de las mismas que por aquí pululan y de las que sacamos muy buenos caldos para los delicados de salud de nuestra enfermería, pero no nos salgamos de los hechos en los que se demuestra la astucia refinada de tan pícaros delincuentes, yo me veía con la mano apoyada en la barbilla ensimismado en el relato de D. Casimiro, completamente absorto y decididamente inquieto para saber por donde acababa la intriga, pues bien Pedro, continuó tras uno buenos tragos de vino, una pluma de gallina no es un arma blanca, por supuesto, pero… como había llegado a una celda aislada en un tercer sótano enterrado en lo más profundo de la tierra sin apenas ventilación ?, francamente no lo sé, le demuestro al torcer la boca en una mueca de incógnita. Bien, no conforme con la averiguación, la dejé en el mismo sitio y decidí prestar mayor atención a todos los pasos.

Las jornadas siguientes puse toda mi atención en cualquier detalle significativo hasta que lo descubrí, las letrinas consistían en un cubículo estrecho con suelo de tierra y un agujero en el centro donde se dejaban caer los desechos corporales, con ayuda de una antorcha revisé la pared de piedra y allí estaba, un papelito muy doblado en la grieta de dos piedras, este papelito es donde se entregaban las especies para aderezar la comida, pues bien, el papel aparentemente no tenía nada escrito…o eso pudiera pensar cualquiera que lo encontrara, casualmente al acercar la antorcha para verlo mejor se reveló la trama, letras códigos y números minúsculos pero legibles escritos con zumo de limón y a modo de pluma…la cañita de la pluma de gallina de la celda.

Continué recopilando todos los papelitos para enterarme de quienes estaban detrás del complot, hemos detenido a tres niños, uno de ellos cojo de una pierna, un sobresalto me hace reaccionar por primera vez desde que comenzó el relato y hago todo lo posible para que el alguacil no me descubra, Agapito aparentemente el más débil de la pareja resulta ser el cabecilla de una banda de delincuentes con todo tipo de delitos a cual más sorprendente, asesinatos, secuestros, sobornos y los bien sabidos de sodomía, es un intelectual con el corazón negro de podredumbre, una alimaña astuta al manejar los bajos  fondos en los barrios de Sevilla, incluso dentro de su prisión fue capaz de encargar todo tipo de recados, D. Narciso y su amante fue obra de su maldad, pero todos incluidos los niños ya se encuentran en manos de la autoridad, sus pertenencias han sido confiscadas para hacer frente a los gastos de manutención y los de costas para abonar al tribunal, dentro del carromato que usted conoció amigo Pedro se descubrió un escondite bajo las tarimas de madera con el botín de sus robos en joyas y abalorios, todo ello junto a los caballos y el resto de enseres han sido trasladados para pública subasta a las gradas próximas a la catedral ( donde flagelaron a aquellos desgraciados ) estarán presentes en dicho acto un notario, un pregonero y un escribano.

Castillo de Triana, también conocido como castillo de San Jorge, situado en lugar estratégico de la puerta de Sevilla con acceso por un puente sostenido por barcas flotantes, entrada de alimentos de Huelva y El Ajarafe en largas procesiones de carretas muy cargadas tiradas por bestias, gentes con carretilla o simplemente arreando sacos y fardos en continuo hormigueo. Lindaban sus torres con el rio Guadalquivir, al Altozano y a las calles San Jorge y la calle Castilla, dentro de sus murallas, la primera parroquia de Triana, la iglesia de San Jorge, amplio recinto de cárceles secretas tanto en sus torres como en el subsuelo del patio donde se escondían las cámaras de los tormentos, dotado de amplios terrenos, casa del portero, casa del nuncio y notario, caballerizas, cocina, enfermería, cuadras y la casa permanente del inquisidor al mando, dueño y señor de la única verdad, defensor de la moral y las buenas costumbres y guardián de la religión cristiana.

 Hay momentos que necesito despejar mi cabeza y doy largos paseos por la orilla de río evito aspirar los efluvios que me llegan a la nariz, me distrae ver en sus revueltas aguas todo tipo de desperdicios que arrastran sus turbulentas aguas, maderas, tablas, enseres de todo tipo e incluso animales descompuestos, moscas y vegetación cubren sus orillas, eran frecuentes las reparaciones del muro exterior por estar situado orillas del río Guadalquivir, las crecidas en caudal del río provocaban desperfectos en su estructura desprendiendo piedras y creando grietas, así mismo en su interior la vida en la celdas más profundas era harto difícil sobrevivir por anegarse de aguas que con frecuencia eran fecales provocando en épocas de verano vapores de gas tan toxico que era frecuente el continuo traslado de los presos, en época de verano se alcanzaban temperaturas de calor extremo y en invierno muchos reos no llegaban a saber el resultado de su juicio por fallecer antes victimas de neumonía.

Intento no pensar en Santiago y Agapito a lo que se suma la detención de los niños supuestamente involucrados en los delitos propios de la hambruna y la desesperación de la calle, se acerca el final de una historia que me mantiene preso en esta ciudad solo por el motivo de sus destinos, ni siquiera el río me calma, no siento ninguna atracción por él y pienso que es curiosa la diferencia con mi anterior experiencia con el mar de Cádiz y porqué cuando lo vi por primera vez algo en mi interior me decía la unión de  mi destino con el azul intenso de sus aguas.

Nunca me olvidaré de este domingo, después de la hora de maitines solía reunirme con los hermanos para las oraciones y continuar con las ocupaciones propias de cada uno, oía lejanamente el lánguido y acompasado repicar de la campana de la catedral y algo sentí para apresurarme a su encuentro, sentía una tristeza que me incomodaba quizás pensaba preludio de una larga y agotadora jornada, inmerso en mis cavilaciones al caminar notaba el peso de mi cuerpo al caminar encorvado dentro de mi capucha si preocuparme de las personas con las que me cruzaba, me sobresalto por un fuerte brazo sobre mis hombros haciéndome detener por el susto, a mi lado el alguacil D. Casimiro me mira con una sonrisa apenada acompañándola con palmaditas de ánimo en la espalda, hermano Pedro ha llegado el momento del desenlace final.

No hay comentarios:

Publicar un comentario