CAPITULO LV
Swasti
Cuando abandoné a mis amigos en
Jerusalén tuve uno de los episodios más violentos que recordaba, sueños en los
que podía contemplar los horrores del hombre disfrazado con la piel negra del
lobo asesino de los rebaños de ovejas mansas, unas escenas tan atroces y de tal
crueldad que quedaron grabadas en mi cabeza a punto de estallar, al recordarlo
mi alma se esconde y encoje como una fruta seca expuesta al implacable sol del
verano agotando hasta la última lágrima que mi afligido espíritu era capaz de
soportar y ahora contemplaba atónito en la cima del mundo una construcción
típica de esta región montañosa con un símbolo desvelado en mis terrores ocultos,
un templo dedicado a una religión seguida por miles de almas ansiosas de paz y
unión con los poderes del cielo, ¿entonces que hacía ese símbolo tallado en el
frontal de uno de sus templos?, tan solo yo conocía de su existencia, nunca
anteriormente lo había visto en lugar alguno, ¿era una señal enviada por
Satanás? ¿Acaso se burlaba de un discípulo cristiano? ¿Cuál era el motivo
oculto en una señal mensajera de muerte?
Un símbolo con forma de cruz, en su
travesaño superior desviada a la derecha con igual tamaño y proporción de línea
recta, la línea que cruza por el centro derecha desviada hacia abajo con otra
línea recta, la base de la cruz desviada hacia la izquierda con otra línea y
finalmente la traviesa en su lado izquierdo con una línea ascendente.
Yo la vi en mis sueños con total
nitidez en banderas rojas ondeando al viento con este símbolo en el centro en
color negro dentro de un círculo blanco, también recordaba estandartes
coronados con un águila, monumentos e incluso piezas de metal en las extrañas
ropas con las que se identificaban los lobos asesinos. El anciano que ahora me
acompañaba intentaba empujarme por la cintura para que avanzara en acompañarlo
hasta una estancia techada con maderas oscuras de maderas exóticas, los suelos
también de madera brillantes como piedras húmedas del rio, tapices de colores
decoraban un espacio con capacidad para cientos de personas, mis ojos no
paraban de observar maravillado todo lo que veía a mi alrededor notando un
sutil aroma de cenizas perfumadas como si me encontrara en un jardín de flores
primaverales, todo era extraño para mí, el oro cubría una estatua de Budhha
sentado con piernas cruzadas y otorgando con el suave gesto de sus manos las
dichas celestiales, de pronto recordé con una sacudida por saber de la salud de
los niños que me acompañaban, el anciano a pesar de ser tan pequeño logró
sujetarme del brazo con una fuerza que dentro de mi sorpresa me obligó a
mirarlo asombrado, estábamos solos y en mi cabeza confusa todo me daba vueltas
aturdido y asustado, intenté soltarme pensando en mi equivocación al sentirme
preso en un recinto del que nada sabía, después de estos últimos esfuerzos tan
solo recuerdo que el anciano presionó con sus dedos alguna zona de mi cuello y
la negrura del abismo me cubrió en la inconsciencia.
Ruego os calméis Pedro, estabais muy
nervioso y por vuestra seguridad me vi obligado a buscar la calma por vuestra
ansiedad desmedida, no entiendo de vuestra inquietud, estáis en lugar seguro al
amparo de peligros exteriores, me imagino de dudas y preguntas que os
atormentan vuestro aura así lo indica, un momento, alcé mi mano para
interrumpir, ¿aura? El aura es la fuente de energía que todos tenemos desde el
día de nuestro nacimiento hasta encontrar el final de nuestra vida, en un
reflejo esencial para el conocimiento de
nuestro ser e instrumento para medir nuestro estado emocional causado por
experiencias en nuestro entorno ¿acaso es el exterior de nuestra alma?
Pregunté, para la mentalidad occidental es posible interpretarla de esa forma,
respondió el anciano con lentitud de maestro, a su vez me preguntó ¿habéis
contemplado los cuadros de los grandes pintores de vuestro Señor Jesucristo? La
pregunta me extrañó por pensar como sabía el anciano de arte pictórico, afirmé
con la cabeza en respuesta, pues bien Pedro, las coronas de luz reflejo de
santidad son el aura de quienes son grandes guías de luz en el mundo.
¿Por qué ese símbolo en lo alto del
templo? Pregunté, ¿os referís al swasti? Es un símbolo antiguo de tiempos
remotos adoptado por muchas culturas a través de distintas razas y regiones del
mundo, cada vez que escuchaba sus explicaciones me preguntaba como sabia tanto,
en nuestra tierra es un saludo heredado de la raza hindú, es una forma de deseo
del bien y la salud, también se puede interpretar como la rueda de la vida
alrededor del sol representando en su movimiento los cuatro poderes de la
naturaleza, el aire, el fuego, el agua y nuestra amada madre tierra.
Entiendo de vuestras tribulaciones y
miedos amigo cristiano, pero ahora tenéis que descansar y reponer fuerzas,
vuestra entereza y constancia han sido la recompensa para poder acceder a
nuestro templo, hablaremos con calma para satisfacer vuestra curiosidad, aquí
el tiempo carece de importancia y por fin habéis llegado después de un viaje
tan largo y agotador, con esta afirmación creció mi interés por seguir
preguntando como sabia tanto sobre mí a lo que el anciano contestó a la vez que
sonreía haciéndome sentir aun más si cabe avergonzado por mi ignorancia y
admirándolo por su astucia y sabiduría, quienes somos ahora es el resultado de
las condiciones de vida de nuestro pasado, lo que seremos en el futuro estará
determinado por las condiciones del presente.
Esta premisa de vida nos permite a
través de los cambios establecer una ventana abierta a la creatividad para
desarrollar a través de las experiencias nuevas vidas en busca de la perfección
espiritual, escuchaba atentamente a este hombre rememorando con distintas
palabras una lección impuesta en mis orígenes jesuitas no distante de la
esencia cristiana de evolución personal al servicio de nuestros semejantes,
aprovechar los instantes de nuestras vidas en cambios que ofrezcan infinitas
posibilidades para cambiar el rumbo de nuestros caminos, me quedé pensando en
silencio mientras el monje se inclinaba como gesto de respeto y saludo con sus
manos unidas inclinando su cuerpo, empezaba a darme cuenta de los paralelismos
en mi propia vida, de los múltiples cambios sufridos en mi cuerpo y en mi mente
a través de tantos años de elegir distintos caminos, algunos de sufrimiento y
otros con maravillosas experiencias con la suerte de seguir vivo ¿y con qué
resultado? Aprender de todo lo posible aceptando los fracasos como nuevas
oportunidades para continuar aprendiendo sin aceptar el círculo en el que
nuestros actos carentes de razonamiento nos hagan llegar siempre al mismo punto
de partida aplicando la voluntad para comenzar nuevos inicios hacia el
conocimiento.
Mientras escribo en silencio
rememoro aquel día hace casi siete años, recuerdo que fui uno de los elegidos
para permanecer en esta comunidad donde por fin he podido conseguir la paz de
mis tormentos, al principio me costó habituarme a las severas normas de
convivencia, teníamos que ir descalzos en casi todas las estancias dedicadas al
ritual de oración, unos cilindros situados en las paredes del templo principal
giraban incesantes mientras sentados en el suelo recitábamos mantras sagrados
en una nube de incienso que llenaba mi cuerpo de extrañas sensaciones de
bienestar, casi siete años aprendiendo su lenguaje y escritura abriendo mi
mente a sensaciones ahora capaces de controlar con la meditación y el silencio,
tiempo para conocer el poder oculto de mi cuerpo como un santuario en el que mi
alma duerme para revelarse en perfecta simbiosis a ejercicios controlados por
mi maestro y guía en descubrir los secretos más allá de lo comprensible, por
primera vez en años soy capaz de dominar mi alma en el momento de viajar fuera
de mi cuerpo a través de visiones mientras mi corazón late en un ritmo lento
dominando lo físico en perfecta armonía con el enigmático plano espiritual de
mi propia naturaleza humana, tiempo en el que con ayuda empiezo a entender
episodios ya vividos y otros desconocidos pero de profundo conocimiento.
Por primera vez creo prudente no
relatar por escrito unas enseñanzas a las que he prometido no revelar en
documento escrito, mi maestro insiste que el mundo no esta preparado para la
iluminación espiritual, abocados a la destrucción de las leyes de la naturaleza
todo volverá a la perfecta armonía después del caos de la destrucción en el
futuro. Para mi sorpresa se que no soy el único que padece de episodios de
locura con pesadillas agotadoras, en este lugar y en diferentes planos de
aprendizaje y evolución se encuentran otros con el mismo padecer, cuando llegué
a este lugar nada me hacía suponer la cantidad de gente que moraban en los múltiples
edificios dispuestos de forma escalonada sobre la cima de esta montaña,
estancias que no conozco por no tener la experiencia suficiente en los secretos
de antiguas enseñanzas para poder compartirlas y menos entenderlas. Cada cierto
tiempo veo a tras una pequeña ventana orientada a los valles la peregrinación
de cientos de discípulos que se acercan al templo, sonrío al recordar cuando me
invadía el temor por pensar que aquí vivía un dragón de fuego, todo resultó una
fantasía hecha leyenda popular al caminar por las noches tanta gente portando
antorchas escalando de uno en uno por las faldas de la montaña.
Meses posteriores de mi llegada
confesé ser el portador de una joya que llegó a mí a través de un rayo siendo un
niño, muy pocas veces la habían podido contemplar otras personas para decirme
de su significado, unas letras gravadas en una superficie de color azul con
forma ovalada revelaban que su origen procedía de tierras de oriente, un
misterio al que no encontraba relación conmigo desconocedor de un país llamado
China. Sentado frente a la comunidad de sabios del templo me sudan las manos
nervioso por lo que escucho de sus labios, con calma midiendo las palabras me
revelan una historia inimaginable en mi mente, reo de muerte por la cristiandad
por su causa, perseguido por los verdugos de La Santa Inquisición desfallezco
al saber del poder de un objeto tan peligroso y revelador, he tenido en mis
manos durante toda la vida quizás lo que pudiera interpretarse como una nueva
religión creada por el hombre, el calendario cristiano me sitúa hoy en el año
de Nuestro Señor de 1555.
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