martes, 18 de septiembre de 2012

CAPITULO LVII, Aurora

 

 

 

 

 

                                               CAPITULO LVII

                                                        Aurora
 

 

Un año antes y mientras acudía al instituto por la mañana tenía que acompañar por la tarde a mi padre ya jubilado del ejercito a su nuevo trabajo como oficinista en la empresa Salvat Editores, mi padre en una oficina con dos secretarias y un jefe de administración era el equipo base en una oficina dedicada a la distribución de libros a domicilios particulares en los que previamente ya habían visitado los pelmas de venta a puerta fría (tal como se les conoce hoy).

Mozo de almacén, que lujo, a mi edad ya ganaba un sueldo que provocaba la envidia de mis amigos del barrio, si, efectivamente, manejaba dinero pero no tenía tiempo para gastarlo y disfrutarlo, cada vez me veía más involucrado en el mundo de la lectura, después de leer casi todos los clásicos de nuestra literatura como El Quijote, Fortunata y Jacinta, El Lazarillo de Tormes etc. Mis gustos por la lectura se derivaron por otros aspectos no de la historia en sí, me enganchaban las aventuras en otros países, culturas, razas y costumbres profundizando en mi creciente afición por novelas psicológicas del pensar humano para entender de sus acciones y que les inclinaba por emprenderlas, me sentía en ocasiones decepcionado por la involución a ciertas creencias propias de la anterior dictadura, en España todos los mandatarios, luchadores, héroes rancios y grandes pensadores habían conseguido sus proezas para orgullo patrio en defensa de valores propios de cristianos y gente de bien, ¿por lo tanto el resto de los mortales estábamos condenados a las llamas del infierno? Se notaba en mis lecturas de viejos libros de hojas amarillentas y cagadas de bichos que la inevitable censura había coronado las excelencias de gente poderosa que gobernaban al pueblo con las consignas de la bota sobre el cuello ¡¡si piensas distinto eres un rojo!!

Si me remonto a la niñez en el colegio durante tres años residiendo en Madrid me veo formando filas antes de la entrada en el aula brazo derecho en alto y cantando el cara al sol vigilado por un maestro con una regla de madera con la que golpeaba a cualquier niño que no pusiera énfasis y voluntad en cantar o estar firme, acabado el acto nos daban un botellín de leche con tapa de aluminio cortesía del gobierno del general Franco, un cuadro que siempre figuraba en cualquier colegio al lado de un gran Cristo crucificado en notable gesto de dolor en la cruz.

Soy consciente del riesgo al exponer una vida sin rumbo en la que cualquier lector iluminado de profundas creencias y convicciones políticas pondrá su etiqueta radical para opinar de forma liberal y airada sintiendo la ofensa o incluso el estupor por lo escrito en estas líneas, pena, esa es mi sensación por tantas mentes supuestamente bien dotadas en una u otra facción radical y extremista por sus creencias sectarias, en palabras dignas de respeto, a la mierda, si no viviste una historia ahórrate comentarios que me hagan perder el tiempo. Quizás sea el haber disfrutado de una parte de la historia lo que me convierte reacio a participar en coloquios de índole política para declinar la balanza de tu propia conciencia en uno u otro bando, lo siento, me dedico a vivir y nunca he conseguido beneficio alguno por sentirme arropado bajo ninguna consigna de lucha o amparado por religión salvadora, en este último aspecto no me considero ateo mi forma de pensar en los casos de apuro es encomendarme a quien rige en nuestro corazón el camino correcto para actuar, el no agredir al prójimo como el intento de no ofender gratuitamente es una forma quizás cobarde pero efectiva de evitar agravios innecesarios para vivir en paz.

Con el transcurso del tiempo me he dado cuenta en base a mi experiencia que  el duelo por retar a un contrario se encuentra en la entrevista personal para conseguir tus propósitos, en cualquier lucha es importante conocer las debilidades de tu oponente con la sencilla observación de sus gestos corporales, esa fue quizás una de las lecturas que me causó mayor impresión, primero conocer mis puntos fuertes reforzando los débiles para afrontar entrevistas personales en el cuerpo a cuerpo, entiendan que tan solo hablo de dialéctica, aborrezco el uso de la fuerza en contra el raciocinio del intelecto.

Mi padre con gesto adusto me mira fijamente y me pregunta si estoy seguro y preparado, costumbre también anexa de aliviar mi vejiga en mear o en depositar los excedentes corporales antes de vernos en la calle para evitar apretones incómodos que nos hagan perder el tiempo en las gestiones previas a mi partida, momento de visitar a un ilustre notario para redactar el documento de patria potestad, al ser un menor de edad requisito fundamental de autorización paterna para mi libertad condicional de viajar al extranjero previo pago al viejito encargado de tal dispendio documental e ilustre. Al día siguiente me voy con la cabeza llena de sueños al edificio donde me vacunarán contra todo tipo de enfermedades selváticas, vacunas contra la malaria, tifus, cólera etc, previamente ya me había informado de los efectos secundarios de estas vacunas por lo que nada más salir unos buenos restregones con medio limón y al carajo, no me daba la gana de sufrir fiebres y malestar por los futuros peligros a mi llegada a tierras venezolanas.

La partida fue sencilla y sin lágrimas sentidas, sobre mis hombros la carga de la responsabilidad sobre mis actos y las dudas por una aventura en todos sus aspectos, me proponía disfrutar de todo lo que viera y siempre en mi pensamiento las advertencias de mi madre, ¿llevas los calzoncillos limpios? Joer, las previsiones por si me daba una fatiga y no me vieran los médicos en semejante trance, revisión de todo lo necesario con un inventario de posibles y por si acasos, costumbre que me ha durado toda la vida en preparar cualquier objeto útil en un viaje por corto que fuera, la disciplina personal era requisito fundamental para no verme en algún trance de difícil solución, memorizar el contenido de bolsillos y saberme preparado para cualquier contingencia, el dinero bien seguro y atento a todo el que se encontrara cerca con cara de sospechoso.

¿Recuerdan la consigna de vuestros padres antes de salir? Si alguien les ofrece un caramelo,¡¡cuidado!! Nunca lo acepten, en la calle siempre había un hombre del saco para llevarse a los niños malos, idioteces, siempre he sido un sinvergüenza y nadie me llevó nunca en un saco. Ya en el avión me impresionó sus dimensiones y la gran cantidad de gente que tragaba en su interior, busqué un sitio al lado de la ventanilla para poder contemplar la sensación de abandonar mi vida anterior dejando la isla no con cierto desconsuelo y temor por lo que me esperaba a la llegada a mi destino.

El viaje un tormento, ocho horas de aire acondicionado, sueño y desvelo por si oigo que el avión tiene problemas con tantas horas de vuelo, neurótico por el entorno del encierro y moquillo líquido efecto de permanecer congelado dentro de esta nevera, la gente por lo visto sudan solo con pensar quizás producto del miedo a volar o por razones de la edad, cuando por fin llegamos aplausos ensordecedores, miro a los pasajeros con cara de asombrado, ¡¡coño!! Hemos llegado sanos y salvos, así es la gente, un respiro por estar vivos. Olores a colonias apestosas de toallitas de mano, costumbre lógica al llegar para recibir a quien te espere con aromas delicados que escondan sudores de fatiga e incluso flojeras estomacales causadas por el miedo al sentirte cagado. Se abre la puerta del avión y primera bofetada en la cara y olfato por el calor espeso y olores de gasolina y derivados, así huele Venezuela, potencia mundial en producción de petróleo y temperaturas de cuarenta grados en un ambiente húmedo y pegajoso, un aroma característico de cada lugar nuevo que visitaba y tan difícil de olvidar. Recuerdo que me dormí quizás un instante dentro del avión y al despertar no podía quitarme de la cabeza un nombre, Aurora, no lo entiendo, no conozco a nadie con ese nombre y por mucho que lo pienso no le encuentro significado, sonrío al pensar se trate de alguna película de Disney con nombre de princesa de cuento. No es la primera vez que en mi cabeza danzan los fantasmas, en ocasiones me vienen flases con mensajes posiblemente imbuidos por una mentalidad peliculera o abducida por lecturas inquietantes, como siempre procuro crear una barrera de olvido.

Aturdido, nervioso y fatigado llego en la noche donde todos los espectros salen a burlarse, procuro establecer una visión general de todo lo que veo absorbiendo y analizando por donde tengo que encaminarme espabilar para recoger el equipaje y buscar a quien supuestamente vendrá a recogerme. Controles, cacheos, revisiones, preguntas, pasaporte, documentación y todo tipo de incomodidades para pasar el control policial antes de entrar al país, a diferencia de otros aeropuertos el de Maiquetía ya me daba una pista del peligro americano, la policía armada hasta los dientes portaban metralletas, casco y chalecos anti balas, tipos con cara de pocos amigos, corpulentos y grandotes, me siento como una mierdecilla insignificante, si tienes todo en regla vale, pasas y ni siquiera te miran con atención hay mucho jaleo y mejor ligerito por si acaso.

No es bueno fantasear con lo desconocido ya que las sorpresas no acaban de llenar tus propias expectativas, para bien y para mal, un señor bajito, muy moreno, limpio como un pincel, botas brillantes y pantalón por encima de la cintura de notable empaque presencial, me da la impresión que antes de salir de casa su esposa o incluso su madre lo remató con la típica escupitina para arreglar los pelillos rebeldes de su brillante pelo azabache, un bigotito muy recortado enmarcando una sonrisa de bienvenida luciendo un diente de oro en su boquita de piñón.

Suspiro arrastrando el equipaje mientras se presenta como el chófer de mi tío, amablemente quizás al quedarme tanto tiempo observándolo me recoge las maleta y me indica que le acompañe al coche ( en realidad lo llaman carro), evitaré en lo posible modos y formas de lenguaje que quizás como yo me causaban sorpresa y desconcierto, algunas palabras en castellano tienen distinto significado en este país por lo que evito hablar mucho y escuchar atentamente para evitar meter la pata con este peculiar personaje. Al llegar al coche me asombra su longitud y tamaño, se parece a un lujoso yate pero con ruedas claro, aquí todo es a lo grande chamo (chaval) ya te acostumbrarás a esta vida para disfrutarla, ya de camino por la autopista panamericana no dejaba de mirar distraído la amplitud de la carretera, hasta ocho carriles repletos de coches a cada cual más lujoso y típicamente americano como en las películas en blanco y negro que tanto me gustaban de la televisión.

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